CUERPO COMÚN:

Salud planetaria

y economías de apropiación conceptual

 

Jaime del Val

Mayo 2021

En este escrito resumo la evolución de mi concepto de Cuerpo Común, sus genealogías, así como sus apropiaciones por parte de otras autoras.

 

¿Qué es el Cuerpo Común?

Todo cuerpo es un cuerpo común: un campo de relaciones, relaciones de movimiento: un metacuerpo. Estamos continuamente creando metacuerpos: según nos movemos, con nuestros espacios cotidianos y relaciones personales; con nuestros barrios, ciudades y trabajos;  con sistemas planetarios de comunicación, transporte y economía que nos conectan a la par que nos controlan y separan en cuerpos anticomunes.

Nuestra imbricación con estos cuerpos comunes afecta profundamente a todos los aspectos bioquímicos, cognitivos y afectivos del cuerpo que somos, inseparables de los ecosistemas con los que estamos entrelazadas.

El cuerpo común subvierte por completo la idea predominante del cuerpo como un ente material autónomo, medible y apropiable. El cuerpo común, como campo de relaciones de movimiento, no tiene límites fijos ni es cuantificable, es un cuerpo frontera, irreductible, inapropiable.

Pero el cuerpo común es también una manera de pensar como se ha creado históricamente un cuerpo reducido, más dócil, medible y apropiable, menos común, anticomún. Algunos de los cuerpos comunes con los que estamos entrelazadas son más abiertos y otros son más alineados, imponiendo modos de organización, son en realidad anticomunes.

Común no es simplemente colectivo. Estamos aquí en las antípodas del comunismo totalizante del S. XX. Común aquí es sinónimo de relación emergente, indeterminada, en continuo movimiento.

El problema es justamente cuando se reduce ese dinamismo, cuando nos alineamos en metacuerpos anticomunes que nos separan para reconectarnos de formas controladas. Un ejemplo es el punto fijo de visión de la perspectiva, que desde su invención en 1436 colonizó los cuerpos y el planeta, alineándonos en relaciones fijas y calculables. Desde entonces nos miramos unas a otras enmarcadas y fijas a la distancia, nos separamos ontológicamente unas de otras. Esto se hace mucho más complejo en la cultura digital actual donde esos puntos fijos de visión son conectados y gestionados a través de algoritmos cada vez más opacos, según nos agregamos en un hiperciborg planetario.

La pandemia ha puesto de manifiesto nuestro entrelazamiento con ese cuerpo planetario de algoritmos y pesadas pero ignoradas infraestructuras, pero también con el metacuerpo planetario de virus. Nos hemos olvidado de que ese metacuerpo de virus no es otro que el evolutivo: a lo largo de 4.000 millones de años la evolución ha sido una cuestión de simbiogénesis continua, sexo bacteriano y transducción viral, como aclara Lynn Margulis.

Es de ese metacuerpo evolutivo del que ha surgido un cuerpo como el “humano”, que yo defino como un campo propioceptivo. La propiocepción es la antítesis del punto fijo de visión. Es el más importante pero más ignorado de los sentidos. Es el sentido de movimiento interno del cuerpo, entendido como campo fluctuante, un enjambre de 360 articulaciones con infinita capacidad de variación, que siente sus fluctuaciones internas y siente el mundo a través de esas fluctuaciones.

Si te abrazo me siento a mi misma a través de la tensiones y fluctuaciones musculares por las que te siento a ti, en continuo movimiento y variación. La propiocepción manifiesta la falacia del cartesianismo, de que somos sujetos separados del mundo. Estamos radicalmente entrelazadas con otros y con el mundo. Pero además tenemos una capacidad infinita de variación que llamo enjambre propioceptivo o Inteligencia Corporal: un campo fluctuante indeterminado, expresión de la fluctuación cuántica y sus evoluciones en este universo concreto.

Recobrar la propiocepción y su potencia de variación es la manera de enriquecer de nuevo nuestra experiencia, desarrollando miríadas de formas nuevas de inteligencia corporal (IC) desde la que reconfigurar todos nuestros cuerpos ámbitos comunes, recobrando una plasticidad perdida, dependiendo menos de los cuerpo anticomunes de sistemas planetarios cuya disrupción nos lleva a un bucle de aislamiento creciente. Recobrar el cuerpo perdido de la propriocepcion es vital para reinventar nuestros cuerpos comunes como espacio abiertos. Y es la manera de promover una salud planetaria.

Desde el cuerpo propioceptivo, como cuerpo común primordial que nos conecta con todo, podemos gradualmente regenerar nuestra simbiosis con el mundo más inmediato que nos rodea pero también con el cuerpo común del planeta que estamos desestabilizando. Para decelerar la disrupción exponencial y la distopia del control algorítmico, para movilizar una salud planetaria, es imprescindible comenzar desde abajo: recobrando una riqueza experiencial perdida, el cuerpo perdido de la propiocepción.

Cuanto más recobremos una riqueza experiencial y una capacidad de variación, percepción y  movimiento menos dependeremos de metacuerpos plantearios anticomunes, insostenibles. No basta con hablar de decelerar. Construyamos cuerpo común desde abajo, cultivando una variación continua en nuestro continuo crear cuerpo común, en nuestros espacios-cuerpos in/mediatos.

 

Aclarando el concepto: una genealogía.

Cuerpo común es un concepto que puse en circulación al menos desde 2008 (Del Val 2009) en varios escritos y conferencias y como nombre de un grupo de trabajo vinculado al laboratorio del Procomun de Medialab Prado entre 2009 y 2012, antes de que se evolucionara en el proyecto Metabody.

Cuerpo común es un concepto proteico y transversal con varias resonancias peculiares que es preciso aclarar.

  1. Por un lado tiene que ver con el concepto de Metacuerpo que propongo desde al menos 2001 (Del Val 2002) para elaborar una redefinición radical del cuerpo entendido como un campo relacional, un campo de relaciones de movimiento, un campo emergente y en continuo devenir, asociado al metahumanismo (Del Val y Sorgner 2011)
    1. Siempre estamos haciendo cuerpo común o metacuerpo, siempre estamos imbricadas en campos de relaciones, algunas son locales o moleculares y algunas son planetarias.
    2. Un cuerpo es siempre un campo, una multiplicidad de campos de movimiento, como un vórtice entrelazado con otros vórtices o como un enjambre que se entrelaza con otros enjambres.
    3. Entender los tipos de metacuerpos de los que formamos parte permite distinguir campos más alineados de otros más abiertos. Pensemos en nuestro doble entrelazamiento con metacuerpos algorítmicos y virales, como se ha puesto de relieve en la pandemia el conflicto entre ambos.
    4. El verdadero cuerpo común surge cuando hay un campo abierto de relaciones, susceptible de continua reconfiguración, plástico, emergente.
  2. El Cuerpo Común es una forma de redefinir los procomunes y el cuerpo como procomún. En una sociedad biopolítica y del control la reducción del cuerpo a una materia calculable y definido como propiedad privada de un sujeto ha eliminado la posibilidad de redefinir el cuerpo y ha negado su estatus de campo relacional dinámico y emergente.
    1. Esto se produce sobre todo a un nivel de organización de ratios sensorimotoras, un modo de análisis que desde aproximadamente 2001 denomino metaformatividad (Del Val 2006). La metaformatividad propone paliar el excesivo y limitante foco en el lenguaje y la representación que han tenido los análisis performativos, notoriamente en la teoría queer, y abrirlos a una espectro mucho más vasto y complejo de movimientos por los que emergen o se condensan campos de relaciones de movimiento.
    2. En mi teoría del Algoriceno, o era de algoritmos (Del Val 2017) propongo pensar el pancoreográfico (Del Val 2009) como conjunto de alineamientos planetarios que coreografían nuestras relaciones y percepciones, creando un cuerpo anticomún.
    3. El cuerpo común apela a la necesidad de reapropiarnos de todo medio y tecnología no a nivel de su contenido sino de como formatea nuestra percepción y orienta nuestros movimientos y relaciones. No puede haber cuerpo común si no movilizamos percepciones menos alineadas que la dominante: el punto fijo de visión, un régimen de atrofia y reducción sensorial radical. Toda dominación implica reducción sensorimotora. Esta reducción es la que hace el cuerpo apropiable.
    4. El cuerpo común apela así a una política precomunal o metacomunal: la condición de posibilidad de toda apropiación está en esa reducción sensorimotora, ese alineamiento con puntos fijos de visión que no separan de un mundo devenido calculable. Se trata de una ontocolonización y una ontoviolencia que opera articulando ratios sensorimotoras (Del Val 2021).
    5. El cuerpo común apela tambien a las teoria de la cognición encarnada, enactiva, extendida o distributida y embebida o situada, que se denomina cognición 4E (del inglés embodied, enactive, extended, embedded). Esto implica que todo conocimiento es encarnado y basado en relaciones de movimiento con nuestro entorno y a través de nuestras prácticas : desde los más sofisticados saberes a nuestros repertorios gestuales cotidianos, nuestra risa, paranoia, frivolidad y lentitud (que Antonio Lafuente denomina “economías ocultas del conocimiento”), todos ellos son verdaderas redes distribuidas y abiertas de conocimiento encarnado.
    6. Cuerpo común son también nuestros afectos: siempre relacionales, modos de afectar y ser afectado.
    7. Toda socialidad es corpórea, es un tipo de cuerpo común, pero no el único.
  3. La manera más reciente y radical que propongo para abordar la definición y movilización del cuerpo común es a través del sentido de propiocepcion, que comentaba más arriba.
    1. Planteo redefinir la propriocepción (Del Val 2020) como expresión de una evolución orgiástica y enjambrante: la ontología orgiástica, ejemplificada en el sexo bacteriano, es un nuevo giro que propongo para el cuerpo común, frente a las economías de la separación, la acumulación, la explotación y la privatización.
    2. la IC (Inteligencia Corporal) como capacidad de un cuerpo de variar continuamente sus modos de movimiento y percepción, que son también su pensamiento, es la propuesta para una r/evolución del movimiento que se contraponga a la distopia de control de la IA.
    3. La propuesta ha cobrado nuevos giros recientemente en mi propuesta de una Filosofía Radical del Movimiento, asociada a cosmología fluctuante o enjambrante donde todo está hecho de campos de fluctuación de diversa consistencia y apertura (Del Val 2020).
    4. El ontohacking y la metaformance son mis propuesta pragmáticas para desatar nuestra capacidad de variación, para repropiarnos ontológicamente de cualquier medio, desalineándonos de sus alineamientos reductores, movilizando el cuerpo común (Del Val 2018).
    5. El cuerpo común apela a una ética, no del consentimiento del humano adulto racional, sino del co-sentir: la capacidad de crear movimiento común, sin imponer nuestro movimiento ni dejar que nos lo impongan (Del Val 2020).
    6. El cuerpo común apela a como creamos espacio desde el cuerpo y como podemos crear espacios comunes abiertos (metatopias) desde el cuerpo en movimiento: desde la más profunda intimidad molecular en nuestros tejidos, pasando por nuestras simbiosis locales. Recobrar esa riqueza y capacidad de variación perdida es condición sine que non para una salud planetaria.

 

Economías anticomunes de apropiación conceptual

Para ejemplificar la manera en que proliferan economías del cuerpo anticomún (economías de la apropiación que proliferan precisamente en medios virales que constituyen un cuerpo planetario anticomún)  voy a exponer la manera en que el concepto ha sido apropiado de forma muy poco comunal por dos autoras que se presentan paradógicamente como defensoras de lo común.

Por un lado Antonio Lafuente viene utilizando el término como central y como título de numerosos escritos suyos, el más reciente de 2020, simplificando el concepto y sin jamás citar los escritos y circunstancias donde yo lo puse en circulación ni los sentidos más complejos que yo le atribuyo al término. Reproduce ahora también mi aproximacion crítica a la era de algoritmos (que antes no compartía) pero desprovista de la complejidad analítica que llevo años desarrollando en las teorías del Pancoreográfico, el Metacuerpo y el Algoriceno.

Esto es especialmente llamativo si tenemos en consideración que lo puse en circulación precisamente en el marco del Laboratorio del Procomún coordinado por el proprio Lafuente. Es también llamativo dado que años atrás Antonio y yo nos econtrábamos de vez en cuando para conversar, compartiendo durante horas ideas en un clima de enriquecimiento recíproco y amistad (cuando además afirmaba que yo le habia descubierto la necesidad de considerar el cuerpo como uno de los cuatro entornos del procomún)… ¿Qué te ha pasado Antonio, con la política?… ¿Qué pensar del hecho de que un intelectual que va por el mundo como adalid de los procomunes, se apropie reiteradamente de un concepto que ha sido propuesto por otro intelectual precisamente en un contexto de colaboración común, sin citarlo ni una vez? No es de extrañar que otras autoras en el contexto de Medialab, autoras que citan a Lafuente, también hayan usado el concepto como título, aunque sin desarrollarlo expresamente.

Es preciso entender esto como síntoma no solo de una economía más antigua de la apropiación, sino también de la condición actual de los medios virales y las economías del contagio afectivo homogéneo que prolifera en metacuerpos planetarios anticomunales de Internet.

Otro caso similar se ha dado en el intento de apropiación del termino por parte de Paul B. Preciado, a quien, como expuse en su día (Del Val 2011) denuncié en 2011 por usarlo como título y eje central de un seminario sin citar en modo alguno mis textos y el grupo que coordinaba en Medialab y del que Preciado era perfecto conocedor. Su reacción a mis peticiones iniciales de que citara sus fuentes fue, en vez de citarme, cambiar el titulo y eliminar el término del contenido del programa. Al parecer esto frenó su intento inicial de apropiación.

Pero posteriormente hemos visto como le ha dado otro giro a su intento de plagio al usar reiteradamente el concepto de “comunismo somático”, que es una copia adulterada y simplificada del concepto mucho más complejo que yo vengo proponiendo, convertido en un eslogan planfletario vacío de significado, o peor aun convertido en el opuesto de lo que yo propongo, en un término totalizante que prolifera en economías significantes totalizantes.

Obviamente no es que los conceptos sean propiedad de nadie. Que en un contexto de lo común yo haga esta reivindicación de que se cite a un autor que ha puesto en circulación un concepto, tiene que ver precisamente con la necesidad de que se compartan saberes, fuentes, conocimientos y genealogías, especialmente teniendo en cuenta que los dos autores mencionados le han dado un giro reduccionista al concepto más amplio y proteico que yo vengo planteando, por lo que todo lector se hubiera beneficiado pudiendo acceder a las fuentes de las que esas elaboraciones más reducidas se nutren.

Se trata en realidad de una economía neoliberal de apropiación y producción de marcas: el concepto que yo puse en circulación “sonaba bien”, y dos autoras que se creían con más audiencia que yo no dudaron en hacerlo suyo (un ejemplo de abuso de poder y deshonestidad intelectual en toda la regla).

En el proceso ocurre lo mismo que en toda economía de apropiación en contextos de marketing: prolifera una simplificación adulterada del concepto, del que se pierden las resonancias más ricas de la propuesta inicial, resonancias que yo he continuado desarrollando y enriqueciendo a través de ese y otros conceptos.

Ambos autores se hubieran enriquecido a si mismas y a sus lectores exponiendo la manera en que estaban simplificando, o tomando con variaciones aspectos de un concepto más complejo propuesto por mi.

Se trata, insisto, de toda una economía, a la vez vieja y nueva, de la apropiación, que sigue más viva que nunca, contaminando el seno de los espacios que se pretenden más comunales, alternativos y radicales, como se demuestras precisamente en estas apropiaciones efectuados por supuestos defensores de lo común: entendamos esto como síntoma de una época.

Esto tiene una relación profunda con el concepto de cuerpo común como yo lo propongo: nunca bastará con defensas ideológicas de lo común. Es preciso movilizar una sensibilidad radicalmente distinta de esa que nos separa en punto fijos de visión, como parte de un cuerpo planetario anticomún, de apropiaciones continuas y simplificadoras. Es preciso movilizar otras economías de los cuerpos: indeterminados, fluctuantes, entrelazados, infinitos.

 

Referencias:

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  4. Del Val, Jaime del. 2020 “Neither Human  nor Cyborg: I Am a Bitch  and a Molecular Swarm. Proprioception, Body Intelligence and Microsexual Conviviality” – In World Futures, Volume 76, 2020 – Issue 5-7: Queer Convivialist Perspectives for Sustainable Futures, Sacha Kagan, Ed., 314-336. NY: Routledge. DOI: 1080/02604027.2020.1778335https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/02604027.2020.1778335 – reverso.org/texts/DelVal-2020—-Neither Human nor Cyborg.pdfhttp://www.reverso.org/texts/DelVal-2020-Neither-Human-nor-Cyborg.pdf
  5. Del Val, Jaime del. 2020 “Geopolíticas de la Orgía” https://metabody.eu/es/geopoliticas-de-la-orgia/
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