MANIFIESTO DE FUTUROS METAHUMANOS
/ MANIFIESTO FUTUROS VIVIBLES
Versión final de la Asamblea-coro del Foro de Futuros Metahumanos de Lesbos, noviembre de 2022 (revisada en 2026)
- Toda la “Humanidad” (tod*s quienes creen en el cuestionable concepto del “ser humano” como especie distinta, superior y singular) ha de confrontar el hecho de que su multiplicación durante los últimos milenios y su devastadora ocupación de la Tierra, su esclavización y exterminio de otras formas de vida, y la opresión sobre sí mism*s, están creando un ciclo de extinción masiva y autoextinción a gran escala con un colapso ecosocial potencialmente inminente (aunque no toda la “humanidad” es igual de responsable). Este hecho primordial es ignorado, censurado o evitado por casi todas las instituciones y personas, incluidas las más críticas, en el mundo actual, por lo que falta un debate serio sobre estos temas, debido al Supremacismo Humano imperante. Ya no podemos negar la urgencia y la dinámica exponencial del proceso de disrupción planetaria en el aumento de las causas (dominación y control), los efectos (Cambio Climático, pandemias, etc.), y la alienación de los “humanos” en su pedestal del supremacismo cada vez más fanático, como vemos hoy en día con el duro retorno de los fascismos y totalitarismos por todo el mundo, que a su vez refuerzan los procesos que subyacen a la crisis de extinción.
- Este proceso ha surgido principalmente en los últimos 10.000 años, en torno a los orígenes de la agricultura y la ganadería, acelerándose exponencialmente, por tanto en un abrir y cerrar de ojos evolutivo, si bien es un hecho que el sapiens vivió antes de eso durante unos 300.000 años como recolector*s-cazador*s con menos de un millón de habitantes, sin crear una extinción masiva (si bien las primeras extinciones surgieron ya en el Paleolítico por caza excesiva junto a un aumento de la población) y, según numerosos antropólogos e historiadores, con una calidad de vida mejor que la que llegó con la agricultura hasta el día de hoy. Este proceso no es una teleología evolutiva, sino una anomalía geológica accidental. Por lo tanto, la “civilización” explotadora no es ni inevitable, ni necesariamente deseable, ni superior (“civilización” entendida como la totalidad de las formas de entorno construido, sedentarismo, ocupación expansiva de la Tierra y la explotación de sus formas de vida con fines de acumulación, mucho antes del capitalismo, emergiendo con la agricultura, la ganadería y las ciudades, expandiéndose con la industrialización y ahora con la digitalización: toda forma de agregación homogénea y reductora que se impone). En cambio, las narrativas que la presentan como inevitable, deseable y superior son precisamente las del Supremacismo Humano que, como ahora vemos, crean un ciclo de extinción y un Holocausto u Holocidio Planetario, con más de 100 mil millones de animales en campos de concentración terrestres por año, 30 veces más en acuicultura y pesca, con un 50% de la superficie terrestre y marina ocupada devastadoramente con agricultura y pesca, con urbanización, industrias y extractivismo, y con una contaminación omnipresente que está desestabilizando fatalmente el ecosistema terrestre y su clima: ¿cómo se puede pretender la superioridad de una civilización así, que provoca una extinción masiva en un abrir y cerrar de ojos? Casi todo gesto, hábito o acción humana en las sociedades industrializadas actuales contribuye activamente a un ciclo de extinción masiva, un colapso ecosocial ya inminente que es también un suicidio como especie, mientras que la respuesta es mayoritariamente, en el mejor de los casos, a través de medidas cosméticas y parches paliativos.
- La fuente de este agujero negro, que emerge en un abrir y cerrar de ojos evolutivo, está quizás en una extraña atrofia corporal que emerge en ciertos homínidos desde el paso de l*s bíped*s a la sabana: cuanto más nos hemos exteriorizado en sistemas técnicos que colapsan el planeta, más nos atrofiamos y más somos incapaces de vivir sin esos sistemas, más temeros*s, estrech*s de miras y fanátic*s devenimos. Por tanto, una de las respuestas necesarias está en recuperar y reinventar el cuerpo móvil lejos de todas las ontologías dominantes de la era de la reducción algorítmica. Proponemos un giro metahumano: una filosofía radical del movimiento y una pragmática que dé cuenta de los modos infinitos de inteligencia de la vida en no human*s, y en human*s no dominantes, como simbiosis y variación basada en la fluctuación cuántica; apuntando a una r/evolución no racional, no verbal, de la IC (Inteligencia Corporal), una mutación metahumana de la especie dominante; para volver a aprender a moverse con el mundo y no contra él; abrazando la indeterminación, el apoyo mutuo, la empatía y los cuidados, que son mucho más importantes que la lucha en la evolución (como han afirmado desde hace más de 120 años Kropotkin, Margulis o Haraway); nuevamente como una de las 8,7 millones de especies de la biosfera, contribuyendo a la biodiversidad y a la regeneración de la Tierra: no volviendo atrás sino hacia nuevas variaciones evolutivas.
- Pero antes, lanzamos un desafío: ¿Hasta cuándo van a seguir l*s intelectual*s crític*s del mundo encontrando mil excusas para reafirmar el Supremacismo Humano de manera más o menos encubierta, para no cuestionar su forma de vida, censurando la discusión e impidiendo el surgimiento de una voz colectiva, potente y seria que ponga sobre la mesa sin paliativos los mayores tabúes del supremacismo: la superpoblación y el modo de vida basado en la ocupación devastadora de la Tierra, el abuso y exterminio de otras formas de vida? Por no hablar de la turba de fanátic*s conservador*s de todo tipo, nacionalistas, fascistas, religiosos y otros, incluidos transhumanistas, que harán cualquier cosa para evitar que iniciemos un debate serio… ¿Podemos iniciar una discusión proactiva sobre cómo enfrentar estos desafíos en lugar de cómo evitarlos? ¿Podemos dejar de buscar excusas de todo tipo para evitar enfrentar la enmienda a la totalidad de las ideologías y sistemas de dominación que aquí se propone?
- Necesitamos una discusión seria sobre el problema de la superpoblación humana y su relación con la mala calidad de vida de los humanos, la opresión y la devastación planetaria de los ecosistemas que ha surgido en los últimos milenios, inseparable de la colonización de la Tierra y la explotación y exterminio de sus formas de vida, desatando un proceso de extinción masiva y autoextinción. Hemos pasado de poco más de un millón hace 10.000 años, a 8 mil millones en la actualidad, creciendo inseparablemente con la creciente toxicidad planetaria de la forma de vida, su opresión, su devastadora ocupación de la Tierra y la explotación de sus formas de vida. Necesitamos una discusión que exponga la complejidad del problema y de las posibles respuestas necesarias al mismo, incluyendo el debate de dejar de promover la multiplicación obligatoria y opresiva de la especie a través de familias tradicionales, ya que esto nos lleva a nosotr*s y al planeta a una situación potencialmente inminente de extinción; una discusión que permita a las personas liberarse de la opresión de las tradiciones y la presión para reproducirse, incluida la opresiva segregación/apartheid de las mujeres y de personas lgtbiqa+, y las opresivas categorizaciones y tradiciones binarias en relación con el cuerpo, el género, la sexualidad y el parentesco. Una discusión que permita en cambio promover una suspensión voluntaria de la multiplicación humana, una política antinatalista voluntaria, sin censurar el debate con excusas propias del Supremacismo Humano, exponiendo la necesidad de cambiar el programa humano de multiplicación por uno de cuidado de l*s demás y de la Tierra, y promover nuevos modos de parentesco, incluidos los parentescos queer y transespecie. Lo que se propone es una reducción voluntaria gradual, según sea necesario para evitar la extinción.
- Cada modo de diversidad necesita ser reivindicado y movilizado, humano y no humano, contra la homogeneización opresiva de los últimos milenios, mientras entendemos qué modos de vida se imponen sistémicamente: no todos los modos de vida son aceptables. Al igual que asumimos la línea roja ética de no matar a otros humanos, se debe crear una nueva línea roja y una tabla de valores que tenga los derechos humanos como parte de unos derechos planetarios mucho más amplios que defiendan a los 8,7 millones de especies de la biosfera. Necesitamos entender cuántos de los derechos y privilegios defendidos bajo los “derechos humanos” implican un exterminio de otras formas de vida y una destrucción del ecosistema terrestre.
- También necesitamos entender con qué frecuencia asumimos normas opresivas como si fueran elección y libertad: desde las normas familiares hasta la ingeniería del deseo en los mercados. Necesitamos comprender los límites de la autonomía individual y reivindicar una ética relacional no paternalista: la apertura del ecosistema es la medida de la libertad. Pero hay que distinguir la apertura “real”, que no se impone, de la falsa apertura de, por ejemplo, las ecologías digitales actuales que ocultan un desierto fascista de lo real basado en delirios de control, hipercolonialismo y explotación hipercapitalista.
- Necesitamos una discusión seria sobre la necesidad de un cambio profundo en las formas de vida, lejos de la ocupación devastadora de la Tierra con la urbanización, el transporte y otras tecnologías de dominación, esclavitud y exterminio que empobrecen nuestra experiencia encarnada mientras colapsan el planeta. Necesitamos detener el Holocausto Planetario de l*s no human*s (así como de l*s human*s) ocurriendo principalmente en la ganadería, avicultura, acuicultura y pesca, criminalizándola sin paliativos ni excusas basadas en privilegios humanos, y asumiendo que las opciones no veganas hoy implican exterminios masivos de escala y tipo sin precedentes en la historia de la Tierra. La ganadería no solo es la mayor máquina de matar, junto a la pesca, también es la industria más contaminante del mundo, la que más contribuye al Cambio Climático, así como a la deforestación, pues el 80% de la agricultura mundial y de la deforestación amazónica está relacionada con la ganadería mientras la pesca arrasa los océanos, desestabilizandose los límites planetarios y causando extinciones masivas, y además eso afecta a la salud humana al contaminar el agua y el aire, y por el uso de productos farmacéuticos, con un impacto devastador en la salud humana y no humana. Necesitamos un nuevo marco de derechos, justicia y salud planetarios, del cual los derechos humanos, la justicia y la salud deben ser parte, y no al revés. Como denunció Nietzsche hace 140 años, hoy no hay peor crimen que el crimen contra la Tierra. Se trata de redefinir toda política desde la perspectiva de la Salud Planetaria (del planeta, sus formas de vida, sus flujos y ciclos) como prioridad, considerando las condiciones mínimas indispensables para detener el actual proceso de extinción masiva que arrastra al planeta y sus formas de vida, incluida la humana, a un ciclo de extinción sin precedentes, y dejar de mirar hacia otro lado con parches paliativos autocomplacientes. Todas las formas de vida necesitan ser liberadas de la esclavitud, la explotación y el exterminio. Pero también se trata de desarrollar una creatividad evolutiva nunca antes vista. Y haciéndolo ahora: tenemos solo unas pocas décadas antes del colapso, y el desalineamiento lleva tiempo, es un proceso gradual.
- Necesitamos entender que todas las formas de opresión humana, no humana y terrestre provienen de los modos homogeneizadores de expansión en la superficie de la Tierra y la multiplicación de ciertas ramas del sapiens emergiendo en los últimos milenios: la respuesta no puede limitarse a asimilarse y escalar en estos regímenes, sino mirar más allá, reinventando nuestras formas de vivir. El origen de todas las desigualdades, no humanas y humanas, está en la forma dominante de vivir, multiplicación, ocupación y explotación de la Tierra y sus formas de vida, cuyos supuestos fundacionales (de deseabilidad e inevitabilidad) debemos cuestionar. Necesitamos dejar de ser la Plaga que destruye ese ecosistema terrestre (la única especie que ha hecho eso en la historia de la Tierra) e inventar nuevas formas de vida simbióticas, tal vez como renovación de las culturas recolectoras, aprendiendo de tod*s les no human*s y sus arquitecturas, moviéndonos con los flujos de la Tierra y no contra ellos.
- Necesitamos estrategias colectivas para una transformación sin precedentes, un desalineamiento general, una regeneración planetaria, y también una lucha sin precedentes, mientras enfrentamos las creencias supremacistas profundamente arraigadas en casi tod*s quienes se autodenominan “human*s”: una secta de 8.000 millones de fanátic*s, con diferentes niveles de implicación a lo largo de un espectro: desde los principales actores del ciclo de extinción en corporaciones, Estados Nación, superric*s y sus bandas criminales hasta la complicidad de la población en general, pobres y ricos, en todo el planeta: tod*s quienes creen en el estatus especial del “ser humano”. Necesitamos entender cuán atrapad*s estamos en parches cosméticos paliativos que reclaman la sostenibilidad de la forma de vida dominante, cuán alto es nuestro umbral de tolerancia con el Supremacismo Humano, cuánto lo que much*s crític*s ven como meta es quizás solo el primer paso para un Gran Desalineamiento. Necesitamos activar resistencias sistémicas contra toda reducción sistémica en todas las formas y escalas, incluida la intervención en políticas institucionales y tradicionales, así como nuevas políticas experienciales del movimiento. Esta transformación ha de venir a través de una política de apertura y alegría, no de miedo y control, una política dionisíaca de afirmación de la vida como variación indeterminada: las alegrías de sentirse como cuerpo en movimiento, moviéndose con otr*s y el mundo, entrelazad*s, en relación y variación, para una Salud Planetaria.
