QUÉ ES EL METAHUMANISMO
Un Manifiesto Metahumanista – 2010
Manifiesto de Futuros Metahumanos – 2022
El metahumanismo es una corriente o movimiento intelectual, filosófico, artístico y político iniciada en 2010 con la presentación de A Metahumanist Manifesto (Del Val y Sorgner 2011), pero cuyos conceptos Jaym* Del Val desarrollaba desde 2002 (ver Del Val 2024 y 2021 para una genealogía completa).[1]
El metahumanismo propone cuestionar el Supremacismo Humano y su ciclo de extinción terrestre asociado y mutar como especie hacia otras formas de vivir que restauren la salud planetaria. Esto también implica cambiar radicalmente el modo de vida hiperdestructivo y tóxico surgido en lo últimos milenios y basado en la radical disrupción, explotación y destrucción de los ecosistemas terrestres, otras especies y otros humanos, por parte de ciertos humanos dominantes. Pero sobre todo implica una mutación profunda de la sensibilidad por la que dejemos de ser un ente temeroso, excesivamente autoconsciente, dominado por una inteligencia reductiva, formalizante, verbalizante. Implica deshacer una atrofia milenaria recobrando el movimiento perdido, la capacidad de movernos con el mundo y su incesante devenir.
El metahumanismo lleva el posthumanismo crítico en la dirección de una ontología relacional del devenir que afirma la indeterminación, la pluralidad, la hibridación, la variación, el movimiento y el cuerpo contra el control y la dominación, contrarrestando así radicalmente los principales paradigmas humanistas y transhumanistas.
El metahumanismo es una filosofía y pragmática que enfatiza el papel central de la indeterminación y la variación en la percepción y el movimiento para el florecimiento de la vida y la evolución, y propone una crítica radical de los regímenes que han cercenado esa apertura durante los últimos milenios, desencadenando una extinción masiva. El metahumanismo promueve una ontología y ética de la indeterminación relacional al renovar la comprensión de todo como relaciones de movimiento, y propone pragmáticas para recuperar la indeterminación en los comportamientos, y con ello la Salud Planetaria.
La r/evolución (evolución-revolución) metahumana implica[2], a la vez:
- DEJAR DE SER LA PLAGA DE LA TIERRA, cuestionando y superando las limitaciones del modelo civilizatorio milenario que crea una extinción en masa a la par que atrofia los cuerpos, con una enmienda a la totalidad de civilizaciones sedentarias y explotadoras, una impugnación sin paliativos, pero sin volver atrás, promoviendo un “hackeo ontológico” de la narrativa supremacista y sus falacias conceptuales con una “terapia ontológica” y una “huelga ontológica”, de especie, género y funcionalidad: dejando de ser humanos que se distinguen y expanden dominando. Para ello es preciso deshacer la devastadora ocupación de la Tierra, la esclavitud y exterminio de sus formas de vida y la delirante multiplicación humana, promoviendo el veganismo radical como recolectores nómadas, y con sexualidades anti-reproductivas hasta ser de nuevo un millón: una más de las 8,7 millones de especies, al tiempo que se activan resistencias sistémicas y resiliencia en todos los órdenes movilizando prácticas y saberes para el cambio profundo.
- DESARROLLAR EL INFINITO POTENCIAL DE LOS CUERPOS, MUTANDO COMO ESPECIE, recobrando una capacidad perdida de variación y simbiosis con el mundo, y hacerlo solo variando el movimiento, recobrando su plasticidad perdida (no con costosas técnicas trash-humanas que contribuyen a la extinción y nos atrofian); activando con ello una nueva sensibilidad dionisíaca, más que humana, extática, de la danza vital, del devenir y la simbiosis, de la afirmación de este cuerpo y esta Tierra, contra toda trascendencia, recobrando un goce de la variación, la indeterminación y el movimiento; movilizando una inteligencia más alta (que la racional reductiva), una inteligencia neurodiversa que comprenda que la vida es variación y simbiosis; con una afirmación de lo abierto donde la libertad no es individual sino relacional, donde se trata de entender cómo la falsa libertad individual de los sujetos humanos privilegiados en las civilizaciones dominantes implica esclavitud y destrucción sistémicas sin precedentes: una extinción masiva y un suicidio como especie.
Doble movimiento (y quince anti-mandamientos):[3]
- Dejemos de ser la enfermedad de la Tierra:
- Desmontemos el Supremacismo Humano.
- Detengamos el Holocausto Planetario.
- Suspendamos nuestra multiplicación.
- Abracemos un veganismo radical.
- No impongamos nuestro movimiento a otros.
- Cuidemos este cuerpo y esta Tierra.
- Activemos resistencias sistémicas.
- Mutemos reinventando nuestro movimiento:
- Despleguemos el potencial de los cuerpos.
- Recuperemos la capacidad de sentir.
- Cultivemos la mutación simbiótica.
- Movámonos en variación continua.
- Creemos expresiones neurodiversas.
- Desarrollemos el pensamiento no racional.
- Cultivemos relaciones no verbales.
- Desalineémonos de los marcos reductivos.
Políticas metahumanas. Políticas del movimiento
Las políticas metahumanas son políticas del movimiento. Las políticas del movimiento proponen que tras cada aparente estructura de poder hay movimientos alineados que han de ser cuidadosamente desalineados, o la estructura se recompondrá, (como suele ser el caso en muchas revoluciones). Pero cuando entendemos la dimensión de los alineamientos planetarios dominantes, las políticas del movimiento adquieren enfoques muy concretos. Así, en el informe “Alimentos de Destrucción Masiva” (Del Val 2023a) [4] se exponen las evidencias de cómo la Industria Alimentaria de Explotación Animal es la más devastadora del planeta, siendo la mayor amenaza para un futuro vivible. A esto le siguen los combustibles fósiles y el consumo excesivo en todos los ámbitos debido a la economía de crecimiento y la obsolescencia programada, donde el consumo individual se ha multiplicado por diez y todavía se espera que se multiplique entre un 200 y un 300% de aquí a 2050. En tercer lugar, pongo ahora el crecimiento demográfico, que se multiplicó por casi en tres en un siglo y se espera que aumente aún entre un 20% y un 30%. Por supuesto, el problema subyacente es el crecimiento en todos los ámbitos: la expansión humana y el supremacismo.
Sintetizando los resultados de los estudios analizados en el informe “Alimentos de Destrucción Masiva” (Del Val 2023a), concluyo que las medidas más poderosas que se pueden tomar tanto desde el ámbito político personal como colectivo e institucional son, por este orden:
- Transición a dietas vegetales (y a partir de ahí a consumo local, estacional, autocultivado o recolectado).
- Decrecimiento profundo, con reducción drástica de consumos en todos los sectores: transporte, energía y urbanización, manufactura, textil, tecnología digital e informacional, electrodomésticos, inmobiliaria, eludiendo la obsolescencia programada, los plásticos, etc.
- Decidir no tener hijos (o máximo uno).
Todo ello acompañado de:
- Un retorno al cuerpo, no solo a lo local, recobrando capacidades perdidas y prácticas colectivas que nos hagan menos dependientes de insostenibles tecnologías, al tiempo que enriquecemos nuestra experiencia, alejándonos del empobrecimiento de sistemas urbanos e industriales, y alejándonos de la predominancia de abstracciones verbales, numéricas y semióticas, recobrando la importancia de formas de comunicación y pensamiento no verbales que nos conecten y pongan en pie de igualdad con todas las formas de vida, hasta ser de nuevo menos de un millón de recolectores nómadas, no como una vuelta atrás sino como una recuperación del movimiento evolutivo y su diversificación creativa.
- Activismo, resistencia, desobediencia civil, compartir prácticas y conocimientos para un cambio profundo.
Notas:
[1] La propuesta filosófica, estética y política se desarrolla al completo en la trilogía Ontohackers y su versión condensada en castellano Metacuerpos, de Jaym*/Jaime del Val. Para más fuentes visitar www.metahumanism.net.
[2] La propuesta metahumana tiene enormes resonancias con la de Patricia MacCormack (2021) en el Ahuman Manifesto. Una diferencia, sin embargo, es que MacCormack, y otr*s vegan*s abolicionistas antinatalistas, quizás incluyendo a Claire Colebrook, consideran que existe un “ser humano” que es de una cierta manera, con una manera propia de percibir y comunicarse, lo cual podría implica un eco de esencialismo, y que debe extinguirse sin más para que el planeta vuelva a florecer. En cambio mi propuesta metahumanista implica que el humano dominante, el del humanismo, es una construcción y una particular y anómala mutación tecno-epi-filogenética que se ha basado en un proceso milenario de reducción de la percepción y atrofia radical, de stasis evolutiva, y que lo que hace falta es recobrar la capacidad de mutar en simbiosis, reinventando el cuerpo-movimiento, recobrando la propiocepción y el co-sentir frente a la predominancia milenaria de la visión a la distancia y la semiótica abstracta, ahí estaría la diferencia entre el ahumanismo y el metahumanismo. Es en la cuestión del movimiento y en la filosofía del movimiento donde radica la diferencia.
La propuesta metahumana de liberación animal está en la línea del veganismo “abolicionista” que se opone a todo uso y abuso animal y que denuncia el antropocentrismo de los movimientos de “derechos animales”, pero el metahumanismo no reconoce ninguna distinción esencialista entre una especie humana y otras no-humanas. Lo que se plantea es activar una huelga de especie, dejar de ser “humanos”, mutando a través del movimiento, que es como hemos llegado a donde estamos, atrofiándonos, pero al revés: recobrando y reinventando la IC (Inteligencia Corporal).
La propuesta metahumana se aleja de posiciones transhumanistas veganas como la de David Pearce que propone “reprogramar genéticamente la biosfera” para eliminar el imperativo a la reproducción y para eliminar a los depredadores carnívoros incluidos los animales no humanos. Pearce parece no comprender que la delirante multiplicación humana, que no tiene parangón en la naturaleza, está ligada a su delirante forma de vida, también sin parangón y que esta es el problema que crea una extinción en masa. La evolución es variación indeterminada y todo intento de programarla solo perpetua las fantasías coloniales y euroblancas de dominación que nos llevan a la extinción. Aunque no defiendo la depredación animal no se la puede poner en el mismo nivel que la super-depredación humana. Son los hábitos del humano dominante los que han de ser cambiados hacia una mutación epi-filogenética más profunda por la que dejemos de imponernos con nuestra excesiva autoconciencia, que es fruto de una atrofia vital milenaria. Sobre Pearce ver: https://www.quora.com/What-is-David-Pearces-response-to-Vegan-Antinatalist-video-Why-David-Pearce-is-wrong-about-Antinatalism.
La propuesta metahumana resuena con aspectos del anarcoprimitivismo, como la denuncia del proceso civilizatorio, la impugnación de la industrialización y la reivindicación de modos de vida no dependientes de esta. Sin embargo, se diferencia en que la propuesta metahumanista no reconoce, como decíamos, una naturaleza humana, toda naturaleza es solo variación indeterminada, que el proceso civilizatorio ha querido suspender, reducir, paralizar, creando una extinción en masa y un suicidio como especie en un abrir y cerrar de ojos. El metahumanismo invierte la inversión original de valores de la vida surgida con la agricultura (con raíces en el bipedismo), realiza una crítica sin paliativos y una impugnación del proceso civilizatorio y de todo Supremacismo Humano y mira más allá hacia nuevas mutaciones de la vida. No se trata de ir “contra la tecnología” que sería caer en el error habitual de confundir síntomas con causas: es el tipo de movimiento lo que cuenta. Si eliminamos la tecnología y no cambiamos profundamente la sensibilidad y el movimiento, y con ello los modos de relación, no desharemos el meollo de aquello que lleva al humano a la dominación destructiva, hay que deshacer toda una evolución tecno-epi-filo-genética con nuevas technes vitales: de vivencia (además de supervivencia). Proponemos en ese sentido extender la propuesta pionera de Henry David Thoreau de desobediencia civil y de reinvención de la vida a una denuncia del Supremacismo Humano en todas sus formas y unas huelgas ontológicas de toda expresión de las culturas de la dominación.
[3] El Ahuman Manifesto de Patricia MacCormack propone 5 principios muy resonantes con los del metahumanismo, con “Un llamado a: abandonar los privilegios humanos; practicar el veganismo abolicionista; cesar la reproducción de seres humanos; desarrollar modos experimentales de expresión más allá de los sistemas antropocéntricos de representación y reconocimiento, y cuidar este mundo en este momento hasta que nos vayamos.” (MacCormack 2021, 10).
[4] El informe expone la (in)acción criminal de los Estados que, después de cinco décadas han dejado cerrarse la ventana de acción para evitar una catástrofe climática, promoviendo en cambio una economía de crecimiento que se sabe que es suicida desde al menos 1972 (Meadows et al. 1972), al tiempo que silencian al principal actor de la crisis, la alimentación. Por lo tanto, el informe mencionado va de la mano de una demanda real presentada en agosto de 2023 ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (la máxima instancia legal internacional a la que podría apelar) contra los 46 Estados del Convenio Europeo de Derechos Humanos, por crímenes de lesa humanidad y violaciones de derechos humanos (ya que aún no existen altos tribunales de derechos de los otros animales, los ecosistemas y la Tierra), mostrando que la explotación animal es el epicentro de una crisis de salud planetaria y humana que representa el ataque más extremo a los derechos humanos jamás visto, exponiendo la paradoja suicida de la expansión humana.
